Elecciones: El cuentazo de la izquierda “defensora” de la libertad personal

Posted on 5/21/2018 by with 0 comments

Fuente: YouTube

El mayor cliché de esta campaña es que los colombianos que valoran las libertades económicas votarán por la derecha— es decir, por Duque o Vargas Lleras,— mientras que aquellos que aprecian las libertades civiles escogerán entre los candidatos de izquierda: Fajardo y De la Calle del lado vegetariano y hasta Gustavo “El Latin Stalin” Petro en el rincón de la izquierda carnívora. Según esta tesis, Duque es un “neoliberal” económico que, a diferencia de sus contrincantes de izquierda, propone penalizar la dosis mínima de droga, defiende la familia tradicional y por ende se opone tanto al matrimonio como a la adopción gay, aliándose inclusive con “reaccionarios” anti-aborto como Alejandro Ordoñez y Viviane Morales.

El único problema con esta hipótesis y sus variantes, repetidas ad nauseam en las redes sociales, es que es fácilmente refutable por una razón muy sencilla: la libertad personal no se limita a poder fumar marihuana y abortar legalmente, sino que incluye una serie de otras libertades. Y resulta que, en Colombia, esas otras libertades siempre pueden contar con la inflexible oposición de la izquierda, la cual señala constantemente su propia virtud y tolerancia pese a ser realmente intolerante y liberticida.

La intolerancia de los tolerantes

Por ejemplo, si la izquierda en efecto defendiera la libertad y tolerara a quienes la ejercen, sus adeptos entenderían que vivir en una sociedad libre implica respetar la libertad ajena inclusive cuando uno no está de acuerdo con el comportamiento de terceros. Por lo tanto una izquierda coherente en términos liberales respetaría la libertad de los taurinos de celebrar la fiesta brava por repugnante que les parezca el espectáculo.

Pero no; todos los candidatos de izquierda, reflejando la actitud totalitaria de muchos de sus simpatizantes, proponen la prohibición absoluta de las corridas de toros, recurriendo a la arbitraria fuerza del Estado para aplastar una actividad tradicional y legal de la que desaprueban moralmente. El Latin Stalin Petro, de hecho, prohibió las corridas de toros en Bogotá durante su alcaldía de manera de facto, violando por completo el orden constitucional inclusive después del fallo de la corte que ordenó reestablecer el uso apropiado de la Plaza de Santamaría.

Ya que la minoría apabullada en este caso (los taurinos) no es políticamente correcta, Petro recibió todo tipo de aplausos y adulacionaes de los biempensantes en los medios, la cultura y la política. Tales ingenuos, sin embargo, pasan por alto cómo el Estado que despoja de manera caprichosa hoy a unos puede hacer exactamente lo mismo con otros— es decir, con ellos mismos,— mañana. Pero ¿para qué defender consistemente la libertad si lo esencial es imponer a la fuerza los “valores” de la izquierda sobre todos los demás?

Libertad de defensa personal

Otro aspecto fundamental de la libertad en el sentido más pleno de la palabra es el libre porte de armas. Si el ser humano en efecto tiene derechos fundamentales y previos a la creación del Estado— a saber los derechos a la vida, la libertad y la propiedad,— es natural también que se pueda defender por sí mismo si el Estado resulta incapaz de protegerlo físicamente a él, a su familia o a su propiedad (como suele ocurrir en Colombia). Pero, ¿algún candidato o movimiento de la izquierda colombiana propone o defiende el libre porte de armas? Por supuesto que no, porque en el área de la defensa personal— como en muchas otras,— todos están adscritos a la teoría del monopolio absoluto de un Estado que no se limita a proteger los derechos individuales, sino que los otorga y hasta se los inventa, asignándoles calidad de derechos a productos o servicios como el agua, la educación y el internet inter alia.

Homicidios con armas de fuego por 100 mil habitantes. Fuente: Guardian

Y hay que limitarse a la teoría del monopolio de la fuerza del Estado porque, en la práctica, a los líderes de izquierda les parece legítimo, si no oportuno, que grupos insurgentes usen las armas no de una manera defensiva, sino del todo ofensiva contra el Estado y la ciudadanía siempre y cuando profesen la ideología correcta, es decir, el comunismo. Por otro lado es inconcebible para ellos que un ciudadano del común pueda usar un arma para defenderse legítimamente del crimen, frente al cual suelen capitular. Como sugirió Petro cuando era alcalde de Bogotá, la “solución” al robo masivo de teléfonos celulares es que los ciudadanos dejen de usarlos en público. ¿Por qué no de una vez promover el retorno masivo de la obsoleta cabina telefónica en la “Colombia Humana”?

Promedio de armas de fuego por cada 100 habitantes. Fuente: Guardian

Libertad para nacer

En cuanto al aborto, los progresistas que equivalen la legalidad de abortar en todos los casos con la libertad ignoran la complejidad del debate, y que es perfectamente válido desde un punto de vista liberal / libertario defender la libertad del feto, un ser humano desde la concepción según una interpretación legítima, a desarrollarse, nacer y vivir. Como argumenta Ron Paul, médico y destacado político libertario estadounidense, “científicamente está establecido que el feto está vivo y que es humano; si no lo matan, madura hasta convertirse en un ser humano adulto”. Por ende el feto

tiene derechos legales— la herencia, (y) el derecho a no ser herido o abortado bajo un tratamiento médico imprudente, violento o accidentado. Ignorar estos derechos es arbitrario e impone derechos relativos sobre un ser humano pequeño y viviente.

De manera hilarante, los progresistas que pretenden negarle la humanidad a un feto (un ser sin protección alguna) antes de cierto número de semanas de existencia para legitimar su matanza suelen también decir que un toro de lidia, un animal que surge de un complejo proceso genético diseñado para producir bravura, es un ser indefenso con el mismo derecho inviolable a la vida que tiene todo ser humano (¿aplica lo mismo a todo mosquito, hormiga o trucha?). De nuevo, para el progresista no prima la consistencia en defensa de la libertad— ni en la lógica,— sino la apropiación del Estado para obligar a los demás a acogerse a su moral (aborto sí, corridas de toros no).

 

Uniones libres

En este sentido es considerablemente más sensato Iván Duque, quien ha declarado que, pese a ser pro-vida, respeta la legalidad del aborto en los tres casos que permite la ley colombiana. De manera similar, Duque ha dicho que está a favor de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. La izquierda, sin embargo, exige una vez más que se use el poder del Estado para forzar al resto de la sociedad a someterse a su propia definición del matrimonio y de la familia. La posición realmente liberal, sin embargo, es la de quitarle al Estado toda facultad para definir tales cuestiones y dejar el asunto de qué constituye una familia o un matrimonio en manos de los individuos que forman asociaciones voluntarias según relaciones contractuales.

Prohibición vs. legalización

Por último, frente a las drogas, es cierto que la propuesta de Duque de prohibir la dosis mínima es del todo anti-liberal, tanto como la oposición de la izquierda a las corridas de toros y al libre porte de armas. Sin embargo, la dosis mínima dentro de un esquema general de prohibición no soluciona el problema real de la guerra contra las drogas. Por otro lado, ningún candidato— incluyendo a los tres de la izquierda,— propone legalizar todas las drogas, empezando por la cocaína, unilateralmente o en conjunto con otros países de la región con el fin de arrebatarles el control del negocio a las mafias violentas y pasarlo a manos de empresas legales y reguladas. En este sentido, Fajardo, De la Calle y Petro son sólo relativamente menos estatistas y prohibicionistas que Duque en cuanto a las drogas, y el grado de diferencia entre ellos termina siendo realmente mínimo dentro del espectro macro de prohibición vs. legalización.

Propiedad y libertad

Ya que el escenario más probable en segunda vuelta es el de Duque vs. Petro, la oposición del primero a la dosis mínima versus la defensa del segundo resulta ser un asunto del todo marginal. Duque, aunque lejos de ser un liberal económico (e.g. propone no firmar más TLC’s pese a su gran popularidad), entiende la importancia de la propiedad privada y del emprendimiento dentro de una sociedad libre. Por otro lado, el Latin Stalin Petro ha recurrido al insólito acto de señalar con nombre propio a quién piensa expropiar si llega a la presidencia, intentando ocultar sus intenciones colectivistas con la quimera de que persuadirá a los expropiados de que “vendan” su propiedad a un “precio justo”.

Esto no es sólo una amenaza a la libre empresa. Como escribió Lord Acton, “un pueblo adverso a la propiedad privada carece del primer elemento de la libertad”.

 

 

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